
La relación entre naturaleza y sociedad se entiende como un proceso coevolutivo. Para describir esta interacción de mutua determinación se ha propuesto el concepto de metabolismo social. Ninguna sociedad humana existe en un vacío ecológico: todas afectan y son afectadas por los ciclos y pulsos de la naturaleza. Así, los humanos responden no solo a fenómenos sociales, sino también naturales.
Las sociedades producen y reproducen sus condiciones materiales de existencia mediante su metabolismo con la naturaleza. Este proceso incluye la apropiación, circulación, transformación, consumo y excreción de materiales y energía del mundo natural, sin importar el tiempo o lugar. Las relaciones con la naturaleza son siempre dobles: biológicas (individuales) y sociales (colectivas). A nivel individual, se extraen elementos esenciales como oxígeno y agua; a nivel social, estas extracciones se organizan colectivamente mediante artefactos y estructuras.
Inspirado en la noción biológica de metabolismo, el concepto de metabolismo social busca describir los flujos de materia y energía entre las sociedades y los ecosistemas. También se le denomina “metabolismo socioeconómico” o “industrial”. En la práctica, la mayoría de estudios han priorizado la cuantificación de los flujos energéticos. Hoy existen metodologías e indicadores que permiten analizar estos flujos a escala nacional, haciendo posible un análisis histórico del metabolismo social de diferentes países.
Los cinco momentos del metabolismo
Este metabolismo inicia con la apropiación de materiales y energía y culmina con su excreción como residuos. Entre ambos extremos ocurren los procesos internos de transformación, distribución y consumo. Estos cinco momentos —apropiación, transformación, distribución, consumo y excreción— estructuran el fenómeno metabólico. La apropiación es el acto fundacional: el momento en que los seres humanos, mediante el trabajo, transforman un fragmento de la naturaleza en recurso social.
Según el momento histórico, ciertos procesos se vuelven dominantes. En sociedades agrarias lo fue la apropiación; en las industriales, la transformación y el consumo.
Ecosistemas y servicios ambientales
Todo espacio natural puede entenderse como una totalidad organizada: los ecosistemas. Estos ensamblajes de elementos bióticos y abióticos poseen dinámicas propias que les permiten reproducirse y renovarse. Así, los procesos productivos humanos no se apropian de “recursos naturales” aislados, sino de ecosistemas completos.
La ecología, al proponer el concepto de ecosistema, reveló la estructura interna de la naturaleza. Los llamados “recursos” como el agua, el suelo o la energía solar están integrados en conjuntos funcionales. Esta perspectiva es clave para mantener un metabolismo social ecológicamente viable, pues una sociedad sustentable es aquella que no compromete la reproducción de su base material.
Además de materias primas, los ecosistemas proveen servicios ambientales: regulan la temperatura, mantienen el equilibrio atmosférico, ofrecen espacios para el esparcimiento y soportan valores estéticos y espirituales.
Flujos de materia y energía
Los cinco procesos metabólicos descritos pueden representarse mediante dos flujos fundamentales: el flujo material y el energético. En este sentido, el estudio del metabolismo social permite cuantificar la “parte dura” del proceso socioambiental: cuánta energía y materia entra, circula, se transforma y se expulsa en cada sociedad.
Desde la perspectiva de la historia ambiental, la unidad de análisis debe ser la sociedad en metabolismo con la naturaleza, no como una abstracción, sino como configuraciones concretas en tiempo y espacio. Esta visión permite comprender las necesidades territoriales, la presión sobre los ecosistemas y las dinámicas de control y apropiación.
Además, este enfoque incluye el análisis de la dirección (si hay progreso o regresión ecológica), el modo (interno o externo al sistema social) y el ritmo del cambio (gradual o disruptivo).
Transformaciones del metabolismo social
Durante el 99% de su historia, la humanidad vivió bajo formas simples de organización social. El 1% restante ha presenciado un crecimiento acelerado de la complejidad social y con ella, de la inestabilidad. La actual crisis ecológica y el riesgo de catástrofes globales son muestra de ello.
La historia ambiental tiene el desafío de construir teorías que expliquen las mutaciones de un metabolismo social a otro. Entender cómo una sociedad aumenta su metabolismo —es decir, cómo consume más allá de su entorno inmediato— implica analizar no solo el intercambio económico, sino también las ideas, cosmovisiones y tecnologías que legitiman esta expansión.
Una sociedad puede ampliar su metabolismo si accede a recursos externos mediante el comercio, pero este incremento requiere una justificación cultural que invisibilice los límites naturales. Por ello, la cosmovisión dominante —cómo se perciben la naturaleza y los límites— influye decisivamente en la presión ejercida sobre los ecosistemas.
Factores del cambio metabólico
Además de los intercambios económicos y las ideas, existen otros factores que modelan el metabolismo social:
– Antropocentrismo y conocimiento científico: El desarrollo del conocimiento, especialmente en los últimos dos siglos, ha sido clave para la innovación tecnológica, alterando profundamente la escala y el ritmo del metabolismo.
– Acceso y distribución de recursos: Las formas en que se accede a los recursos y se distribuyen los beneficios del metabolismo influyen en su tamaño y dirección. Estas desigualdades han generado históricamente conflictos sociales que alimentan el cambio.
– Justicia ambiental: La disputa por el acceso equitativo a los servicios ambientales y los recursos es hoy una de las principales fuentes de tensión. Estas luchas no solo tienen una dimensión ecológica, sino también política y ética.
– Relaciones de poder: Las decisiones sobre el metabolismo social están mediadas por el poder. Las instituciones regulan el uso de los recursos, definen qué se considera residuo, qué se valora y qué se descarta. Así, el poder y el conflicto social determinan en gran medida las trayectorias metabólicas.
Finalmente, debe considerarse el papel del azar, frecuentemente ignorado por las ciencias sociales. Este puede entenderse como eventos imprevisibles —como desastres naturales— o como el resultado emergente de múltiples interacciones complejas entre factores sociales y ecológicos. Lo que el ecólogo Holling (1998) llamó “sorpresas” —fenómenos que escapan a los modelos establecidos— cobra especial relevancia en contextos de alta presión metabólica.
El aumento de la intensidad del metabolismo social ha coincidido con una mayor frecuencia de fenómenos disruptivos, desde pandemias hasta catástrofes climáticas. Comprender esta relación es clave para anticipar riesgos y construir sociedades más resilientes.
Conclusión
El concepto de metabolismo social ofrece una herramienta teórica potente para comprender la interacción entre naturaleza y sociedad, no como una simple relación de dependencia, sino como una dinámica coevolutiva, conflictiva y cambiante. A través de sus cinco procesos clave —apropiación, transformación, distribución, consumo y excreción— es posible desentrañar las formas concretas en que las sociedades habitan, transforman y agotan el mundo natural. Al mismo tiempo, este enfoque invita a replantear las bases del poder, la justicia y la sustentabilidad en un planeta cada vez más tensionado por los límites biofísicos y sociales.
Referencias
González de Molina, M., & Toledo, V. M. (2014). The social metabolism: A socio-ecological theory of historical change. Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-319-06358-4
Holling, C. S. (1998). Two cultures of ecology. Conservation Ecology, 2(2), 4. https://www.ecologyandsociety.org/vol2/iss2/art4/
Toledo, V. M., & González de Molina, M. (2007). El metabolismo social: Las relaciones entre la sociedad y la naturaleza. En F. Garrido Peña, M. González de Molina, J. L. Serrano Moreno & J. L. Solana Ruiz (Eds.), El paradigma ecológico en las ciencias sociales (pp. 85–112). Icaria.
