¿La innovación social es posible?

¿Es posible innovar para lo social? A partir del estudio de Oeij, van der Torre, Vaas y Dhondt (2019), este artículo analiza por qué la innovación social enfrenta ambigüedad conceptual, falta de financiamiento y liderazgo insuficiente para escalar. Explora las complejidades coevolutivas, relacionales, intertemporales y culturales que hacen de este un proceso no lineal, así como las tres rutas —tecnológica, incremental y de liderazgo— que llevan a su implementación exitosa.

A partir del análisis del estudio realizado por Oeij, van der Torre, Vaas y Dhondt (2019) queda claro que la pregunta sobre esa posibilidad tiene fundamentaciones previas que requieren ser comprendidas antes de emitir cualquier juicio apresurado. En la actualidad, las innovaciones sociales están librando una batalla por generalizarse dentro de los modelos de negocio más rentables, en un contexto donde la rentabilidad económica suele anteponerse al valor social generado. Esta lucha se encuentra en rubros como la ambigüedad conceptual y la diversidad de definiciones que la innovación social enfrenta, las cuales impiden el desarrollo de conocimientos generalizables y la formulación de teorías que permitan explicar las circunstancias en las que las innovaciones sociales operan, emergen y escalan. Adicionalmente, existen obstáculos que limitan a las empresas que ven en la innovación social un punto de partida legítimo para su quehacer organizacional. Algunos de esos obstáculos ponen la atención en la falta de capacidades organizacionales y de liderazgo para sostener, mantener y escalar iniciativas en materia de innovación social, la falta de financiamiento constante y las insuficientes habilidades y formación del capital humano involucrado en estos procesos.

Innovación social y modelo de negocio

Estos autores explican, a través de un análisis comparativo cualitativo, que en la adopción de la innovación social la tecnología no es la única impulsora dentro de un modelo de negocio. Es necesario optimizar y gestionar recursos, además de contar con una lectura precisa del entorno social, misma que ayude a comprender cómo los clientes pueden servir a otras personas y al planeta a través de las ganancias generadas por la propia actividad económica. Para esto, la innovación social y la empresarial no deben alienarse entre sí; al contrario, para lograr esa convergencia los autores proponen una definición de innovación social: “la invención, desarrollo e implementación de nuevas ideas para resolver problemas sociales que enfrentan individuos, grupos o comunidades, donde la implementación de la innovación se convierte en un indicador de éxito en la solución de problemas sociales, siendo estos últimos, toda situación que impide la inclusión de individuos, grupos o comunidades en la sociedad”. Esta definición resulta útil porque desplaza el centro de atención de la novedad tecnológica hacia el resultado concreto en términos de inclusión social, y permite distinguir a la innovación social de la simple filantropía corporativa o de la responsabilidad social empresarial entendida como un ejercicio meramente reputacional, sin compromiso de fondo con la transformación de las condiciones que originan la exclusión.

La complejidad del proceso de innovación social

El término innovación en relación con lo social es un asunto complicado y multidimensional. Ese proceso es intrínsecamente complejo, porque muchas variables interactúan entre sí y el resultado de dicha interacción no se puede predecir ni controlar por completo. En los procesos de innovación surgen diferentes tipos de complejidades: a] complejidades coevolutivas, porque implican simultáneamente múltiples niveles de análisis que se transforman unos a otros; b] complejidades relacionales, ya que involucran una diversidad de actores sociales y elementos materiales que interactúan de forma dinámica; c] complejidades intertemporales, ya que los eventos y secuencias temporales se experimentan de múltiples maneras según el actor y el contexto; y d] complejidades culturales, a medida que estos procesos se desarrollan en entornos contextualizados con valores, normas y prácticas propias. Si bien los procesos de innovación complejos no se pueden controlar ni gestionar de manera absoluta, tienden a seguir patrones notablemente similares que permiten identificar regularidades útiles para la práctica. La innovación es compleja y sus procesos no son lineales; en el caso de la innovación social, la complejidad se encuentra en el rubro del involucramiento de las personas que habitan e interactúan sobre áreas geográficas más grandes, lo que implica un cambio social e institucional del propio sistema en el que se inserta la iniciativa.

Los límites de la gestión y la innovación abierta

Gestionar la innovación parece imposible si consideramos la complejidad de las interacciones y la heterogeneidad de las demandas de los actores involucrados. Conceptos como la innovación abierta buscan satisfacer estas demandas, particularmente las de los clientes y usuarios finales, pero lo que es seguro es que la innovación no es un proceso lineal y sus elementos pueden ser divergentes y convergentes en diversos niveles organizacionales al mismo tiempo. Los autores del estudio apuntan que es necesario maniobrar con cuidado en la implementación de innovaciones sociales, basados en un amplio conocimiento y experiencia acumulada, así como en la capacidad de adaptación frente a circunstancias cambiantes. Esta maniobra requiere, además, de una disposición constante al aprendizaje organizacional, pues los errores y ajustes forman parte natural de cualquier trayectoria de innovación social genuina.

Las rutas hacia la innovación social exitosa

Al respecto, las rutas más exitosas son aquellas que requieren la aplicación de innovaciones tecnológicas por gente ingeniosa que paulatinamente gana el consenso necesario que les permite acceder al financiamiento correspondiente. Otra ruta es la del progreso incremental, que parte de iniciadores como investigadores, formuladores de políticas públicas y trabajadores sociales, quienes se encargan de construir consenso en torno a la iniciativa, trabajando directamente con las partes involucradas y ajustando el proyecto conforme surgen nuevas evidencias. Finalmente, existe la ruta que requiere del liderazgo de una persona, una ONG o una fundación, quienes desarrollan una idea que encaja bien en la infraestructura existente y donde no es necesario comenzar a construir una base completamente nueva entre las partes interesadas y los patrocinadores. Estas tres rutas no son mutuamente excluyentes y, en la práctica, muchas iniciativas combinan elementos entre ellas a lo largo de su desarrollo, dependiendo de la etapa en la que se encuentren y de los recursos disponibles en cada momento. Reconocer esta variedad de trayectorias posibles resulta relevante para quienes diseñan políticas públicas de fomento a la innovación social, pues evita la tentación de imponer un único modelo de intervención a realidades organizacionales sumamente distintas entre sí.

Flexibilidad frente a la incertidumbre

Finalmente, su estudio indica que en las innovaciones sociales no debemos esperar que las recomendaciones sobre qué hacer para lograr la supervivencia y el crecimiento de estas iniciativas estén exentas de la complejidad y de las necesidades de habilidades específicas para manejar procesos de innovación que son impredecibles e incontrolables hasta cierto punto. La innovación social debe ser flexible al considerar opciones de diseño a través de la generación de estrategias que limiten las zonas de incertidumbre inherentes a cualquier proceso social. Se destaca también la importancia de la generación de estrategias de innovación en las etapas de iniciación, desarrollo e implementación, cada una con retos y actores propios que deben ser reconocidos oportunamente. La innovación es un concepto que teóricamente aún tiene mucho camino por recorrer; sin embargo, estos estudios ponen de manifiesto que la perspectiva de la complejidad es una ruta inherente, más allá de las barreras y obstáculos que distintos factores globales y locales puedan presentar. Conviene entonces ampliar estos estudios a diversos entornos culturales y organizacionales con el fin de confirmar a la innovación como un proceso genuinamente social, capaz de generar valor compartido entre empresas, comunidades y el entorno en el que ambas coexisten, sin perder de vista que dicho valor debe reflejarse en mejoras tangibles y sostenidas en la vida de las personas.

Referencias bibliográficas

Oeij, P. R. A., van der Torre, W., Vaas, F., & Dhondt, S. (2019). Understanding social innovation as an innovation process: Applying the innovation journey model. Journal of Business Research, 101, 243-254. https://doi.org/10.1016/j.jbusres.2019.04.028

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